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miércoles 24 de junio de 2009

HORÓSCOPOS GENÉTICOS

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Ilustración Alejandra Santos


…"porque él no lo había inventado como negocio, sino por el bien de la humanidad, y a ver quién dijo uno señoras y señores, no más que por favor no se me amontonen que para todos hay". Blacamán el bueno vendedor de milagros. Gabriel García Márquez



Los análisis del ADN humano dirigidos a establecer una relación causa efecto entre la información de los genes y las enfermedades han resultado más bien desalentadores. Las enfermedades producidas por la disfunción de un gen único son muy pocas; a cambio, el resto de dolencias son el resultado del mal funcionamiento de varios genes, o mejor, de la disfunción de una compleja red de genes. (Para refrescar la memoria, ver Compre sus Genes, en septiembre de 2007 en este espacio).

Lo mismo ocurre con la casi totalidad de los rasgos humanos: altura, complexión, color del pelo y la piel, color de los ojos, tendencia a la obesidad o la flacura, habilidades motoras, tendencias a las adicciones, la depresión, problemas cardíacos y así por delante. Por detrás de cada una de estas características existe igualmente una red de genes funcionando. De ahí que los análisis del ADN que se dedican a trazar un perfil genético de un individuo no puedan producir resultados fiables y válidos científicamente.

Sin embargo, varios laboratorios en Estados Unidos han desarrollado un producto que, vendido a través de la Internet o en pequeñas tiendas, ofrece al consumidor trazarle una guía personalizada, basada en su ADN, sobre lo que tendría que comer, el estilo de vida que debería llevar, los suplementos vitamínicos que debería tomar, para tener una vida sana y sin riesgos. Nutrigenética se llama. Lo que en realidad hacen es darle una lista de las posibles enfermedades que desarrollará, de nuevo y valga la redundancia, sin ningún fundamento científico, puesto que los análisis del ADN están basados en pequeñas variaciones en un único lugar.

Para hacer la prueba basta comprar el Kit., con valores variables entre 300 y 3000 dólares, escupir en el tubo de ensayo recibido y enviarlo al laboratorio. No hay médicos y menos genetistas en medio del proceso. El cliente recibe su perfil nutrigenético.

Quienes ofrecen los servicios de análisis de ADN en la Internet, lo comercializan como una herramienta para ayudar a las personas a ajustar su estilo de vida de acuerdo a lo que indican sus genes; en ese sentido es como si ofrecieran vitaminas y minerales o una guía para aeróbicos y de esa manera no tendrían que sujetarse a las reglas de control de la FDA. Lo que realmente le entregan al cliente es un supuesto diagnóstico clínico para algunas enfermedades. Es ahí donde los organismos del gobierno encargados de la salud entran a ejercer su control.

En el año 2006 una entidad del gobierno de Estados Unidos que realiza estudios para supervisar la calidad de productos relacionados con la salud, GAO (por sus siglas en inglés), fue designada para investigar si los servicios ofrecidos por estos laboratorios tenían valor científico. Para ello la GAO compró pruebas a cuatro laboratorios diferentes en la Internet y creó “clientes ficticios”, enviando para el análisis 12 muestras del ADN de una niña de 9 meses y 2 muestras de un hombre de 48 años.

El ADN de la niña de 9 meses fue dividido y asignado a 12 individuos ficticios, con perfiles de estilo de vida diferentes, todos inventados. Estos fueron algunos de los perfiles:

1. Mujer de 30 años, de peso normal, no fumadora, con dieta alta en grasa, consumo alto de cafeína y sedentaria;
2. Hombre de 70 años, obeso, fumador, con una dieta rica en grasa, consumo bajo de cafeína y sedentario
3. Mujer de 50 años, de peso normal, fumadora, con una dieta variada baja en grasa, consumo bajo de cafeína y con ejercicio físico diario.
4. Hombre de 40 años, de peso normal, no fumador, con dieta variada y alta en grasa, consumo alto de cafeína y con ejercicio físico diario.
12 individuos con sus correspondientes perfiles ficticios y un único ADN.

Con el ADN del hombre de 48 años repitieron el mismo proceso y enviaron muestras de 2 individuos con sus correspondientes perfiles ficticios y un único ADN.

Los resultados del análisis genético de los 14 individuos ficticios, entregados a la GAO por los cuatro laboratorios, indicaron riesgos para diversas enfermedades, entre ellas: osteoporosis, cáncer, diabetes tipo 2, habilidad reducida para eliminar toxinas, presión arterial alta, enfermedad cardíaca y envejecimiento cerebral. Aquí es importante señalar que los laboratorios no ofrecían a los clientes diagnóstico alguno, sino un perfil de estilo de vida de acuerdo a su perfil genético. Lo que la GAO recibió fue una lista de posibles enfermedades, basada en el estilo de vida de los clientes ficticios y no en el análisis genético pues recordamos que las muestras de ADN fueron sólo 2, y una de ellas de una bebé de 9 meses!

Los investigadores de la GAO consultaron con expertos de la medicina y la genética y produjeron un documento que se tituló: Prueba Nutrigenética. Tests Comprados a Cuatro Sitios en la Internet Engañan a los Consumidores.

Hace unos 2 años, en la ciudad de Nueva York y con una fiesta millonaria, una compañía dedicada a trazar perfiles genéticos se lanzó a comercializar su producto en la ciudad. Su nombre, 23andme por lo de los 23 pares de cromosomas que constituyen el genoma humano. La compañía inició labores en California, siendo su cofundadora la esposa de uno de los socios de Google. No hubo tiempo para mucha celebración pues el Departamento de Salud del estado de Nueva York, siguiendo la asesoría de un comité de científicos, decidió prohibirle a la compañía cualquier actividad comercial. Pero como las prohibiciones están para ser evadidas con un buen alegato jurídico, la compañía sigue funcionando y cotizando muy bien en la bolsa de valores.

La compañía (ya tiene varios laboratorios en Estados Unidos) ofrece el análisis del ADN para el diagnóstico de “condiciones clínicas” que, según la misma ya han sido reconocidas por estudios científicos, y de “condiciones que están en investigación” y que por lo tanto no tendrían el mismo valor clínico. A seguir, algunas de estas últimas: adicción a la heroína, desorden bipolar (anunciado como nuevo), cáncer de tiroides, síndrome de piernas agitadas, capacidad de evitar errores, respuesta a los antidepresivos, lactancia de los bebés y la inteligencia, preferencia por ciertas comidas, esquizofrenia, color del pelo, ataque cardíaco, cálculos, gota, memoria (buena o mala), trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad. En total son más de 80.

Los resultados ofrecidos a los clientes, disfrazados o abiertamente con finalidades diagnósticas, se mantienen en el plano nebuloso de establecer riesgos mayores o menores de sufrir enfermedades, que, por otro lado y de una manera seria se pueden obtener en un consultorio médico especializado.

Con los cambios que se están dando en la FDA es posible que se pueda ejercer un control mayor sobre todas esas compañías que en lugar de prestar un servicio serio a la medicina lo que hacen es desprestigiarla. Con comités serios de bioética, la genética tendrá que pelear por el lugar que le están tratando de usurpar los bionegociantes del siglo XXI, astrólogos con bata de laboratorio.

martes 9 de junio de 2009

EL ABORTO: UNA GUERRA QUE NUNCA ACABA

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Ann Lohman en la tina de su casa


El asesinato de un médico que practicaba abortos en su clínica de atención a las mujeres es apenas un caso más en la larga guerra que los grupos que dicen defender la vida vienen dando desde hace muchos años. Se llaman grupos pro vida, defensores de las mujeres, protectores del alma y el cuerpo de los fetos, representantes de dios en este mundo, o simplemente anti abortistas.

El asesinato del Dr. George Tiller, en Kansas, es el final de un drama que llevaba años preparándose. Ya le habían disparado dos tiros, uno en cada brazo, con la intención de inhabilitarlo en su práctica quirúrgica. Ya le habían incendiado la clínica. Todos los días, camiones estacionados frente al edificio exhibían fetos gigantes y en distintos niveles de crecimiento, bañados en sangre. Todos los días, brigadas de voluntarios, con el cerebro bien lavado y pagados por organizaciones antiaborto bien financiadas, se dedicaban a insultar a las mujeres que entraban a la clínica. Todos los días, algunos voluntarios lograban convencer a alguna mujer para que se hiciera una ecografía gratuita, en una casa cercana, para hacerle ver y sentir la vida que llevaba dentro y meterle en el cuerpo el miedo necesario para que no fuera ella a convertirse en asesina. Todos los días, hasta que un voluntario decidió más bien pegarle un tiro al médico y acabar de una vez con el mal. Ahora los brigadistas están sin oficio, al menos al frente de la clínica del Dr. Tiller.

Los grupos antiaborto, niegan cualquier conexión con el asesino y uno de sus dirigentes, que había viajado hace años desde California con familia y fanáticos incluidos para establecer su cuartel de guerra al lado de la clínica, tuvo el cinismo y las buenas dotes de actor para declarar “con lágrimas en los ojos”, que el asesino no le hizo ningún bien a la causa, que ellos repudian esos métodos. Ya se sabe que el matón tenía nexos con organizaciones anti aborto, y con él, particularmente. Ahora, después de ir al funeral del médico y a pesar de la protección de la policía, para seguir insultando con sus carteles a la familia y a los cientos de mujeres agradecidas, esos fanáticos ya planean a dónde ir para seguir con su campaña de odio y muerte.

De odio y muerte, porque dicen que defienden la vida sin entender lo que eso significa. No lo entienden porque la vida no es un ente abstracto que anida en la imaginación. La decisión de tener un hijo debería ser un acto responsable. Pero resulta que la mayoría de las veces no lo es, las razones, por millones, como millones son las personas y millones sus problemas y ansiedades y anhelos. Para qué seguir con un embarazo no deseado, resultado de una noche de juerga, de una violación, de un entusiasmo trunco, de un amor acabado? Porque un grupo de hombres solteros, algunos de ellos sin hijos, deciden que así tiene que ser, porque así lo dice la ley divina. Imposiciones atávicas, inventadas por los seres humanos para auto esclavizarse.

Si no, de que otra manera se explica que cuando dos médicos brasileños hicieron la cirugía de una niña de nueve años doblemente embarazada por el padre violador fueran excomulgados? Los condenaron por asesinos de niños. A la niña ni caso y al padre ni juicio.

En la parte alta de Manhattan, en el Bronx, existe una clínica que practica abortos y que está muy cerca de la entrada del metro. En la corta distancia que tienen que caminar las mujeres, o en algunos casos las parejas, son asediadas por jóvenes que con esa sonrisa acartonada de los vendedores de seguros, les ofrecen folletos y atención gratis para el embarazo. La atención es la famosa ecografía disuasoria. “Es nuestra principal arma” dice una de las jóvenes. Al momento se corrige y dice, “nuestro principal instrumento”. Una pareja que iba decidida a la clínica, ella con sólo 15 años, desiste. Un triunfo celebrado con loas al creador.

Y qué de esa niña-madre que a duras penas estará lidiando con su corta vida y experiencia, que tendrá que dejar de estudiar, que tendrá un embarazo difícil porque su cuerpo no se ha acabado de hacer? Quién la va a ayudar con la crianza de ese hijo que había decidido no tener? Cuanta irresponsabilidad junta!

Pero esta guerra del aborto no es sólo de hoy. Viene de siglos.

Ann Lohman fue una enfermera inglesa, especializada en atención a las mujeres (en español no existe el equivalente de midwife, pues se lo traduce como partera, siendo que el oficio, en los países ricos, exige estudios universitarios). Sus servicios abarcaban desde consejería sexual, prevención del embarazo, traer niños al mundo, agenciar adopciones, y por supuesto, practicar abortos. Vivió su vida en una casa enorme en Nueva York, donde atendía por poco dinero a las mujeres pobres y mucho a las ricas. Durante los años dedicados a ayudar a sus pacientes tuvo que ir más de una vez a las cortes y pasó más de un año presa. Nunca pudieron comprobar una sola de las mil acusaciones de mala práctica médica.

Sufrió los hostigamientos y amenazas diarios con tranquilidad, aunque por ser una mujer culta y de lengua afilada contestaba con agudeza verbal y fuerza a los escritos de los fanáticos religiosos en los tabloides.

Sobre el supuesto de que el control natal y el aborto corrompían a las mujeres, Lohman escribió a un periódico: “Será que sus esposas, y sus hermanas y sus hijas, una vez despojadas del miedo, todas se vuelven prostitutas? No puedo entender cómo hombres que son esposos, hermanos o padres puedan darle credibilidad a una idea tan infame y sucia”.

Pero pudieron más el odio y la sinrazón. Amenazada con otro juicio, esta vez mayor, y temiendo hacerle daño a su familia y repetir la cárcel, una mañana de abril de 1878 se acostó en la tina y se cortó el cuello. Tenía 66 años.

martes 12 de mayo de 2009

SERÁ QUE LA CIENCIA VUELVE OBSOLETA LA CREENCIA EN DIOS?

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Fotografía Alejandra Santos
Traducción libre del artículo de respuesta de Steven Pinker a la pregunta “Does science make belief in God obsolete”?, que hace parte de una publicación de John Templeton Foundation.


Steven Pinker: Sí, si por ciencia entendemos la empresa secular del conocimiento basada en la razón (incluyendo la historia y la filosofía), y no solamente a las personas con tubos de ensayo y batas blancas de laboratorio.

Tradicionalmente, la creencia en un dios era atractiva porque prometía explicar las preguntas más espinosas y profundas acerca de nuestros orígenes. De dónde viene el mundo? Cuál es la base de la vida? Cómo puede el cuerpo crear la mente? Por qué debemos ser seres morales?

Con el paso del tiempo, ha habido una tendencia inexorable: mientras más profunda es nuestra respuesta a esas preguntas, y mientras más entendemos del mundo en el que vivimos, menos serán las razones para creer en dios.

Empecemos con el origen del mundo. Hoy, ninguna persona informada y honesta puede sostener que el universo se hizo en unos miles de años y que llegó a ser como lo conocemos en cosa de seis días (para no hablar de absurdos como que el día y la noche existían antes de la creación del sol). No hay un papel más abstracto para dios que el de ser la figura central del comienzo de todas las cosas. La siempre difícil pregunta “De dónde viene el universo?” podría entonces voltearse a la “De dónde viene dios?”.

Y qué de la fantástica diversidad de la vida y sus ubicuos signos de diseño? En un tiempo era entendible apelar a un diseñador divino para explicar todo. Ya no más. Charles Darwin y Alfred Russel Wallace mostraron cómo la complejidad de la vida podía surgir del proceso físico de la selección natural y luego Crick y Watson mostraron como la replicación de la vida podía explicarse por el mecanismo también físico de la auto división del ADN. A pesar de toda la propaganda creacionista, la evidencia a favor de la evolución es enorme, incluyendo el registro fósil, nuestro ADN, la distribución de la vida en la tierra y nuestra propia anatomía y fisiología.

Para muchas personas el alma humana es como un soplo divino. Pero la neurociencia ha mostrado que nuestra inteligencia y emociones son el resultado de un intrincado y complejo patrón de actividad de miles de millones de conexiones en nuestro cerebro. Bueno, es verdad que los académicos no están de acuerdo en cómo explicar la existencia de las experiencias interiores –algunos dicen que es un seudo-problema, otros que es un problema científico aún no resuelto y otros que puede ser tan sólo una muestra de nuestras limitaciones cognitivas. Aún así, darle nombre al problema con la palabra “alma” no añade nada a nuestro entendimiento.

Las personas pensaban que la biología no podría explicar por qué tenemos una conciencia. Pero el sentido moral humano puede ser estudiado como cualquiera otra de nuestras facultades mentales como la sed, la visión en colores o el miedo a las alturas. La sicología evolutiva y la neurociencia están mostrando cómo trabajan nuestras intuiciones morales, por qué evolucionaron y cómo están organizadas dentro del cerebro.

Esto deja a la moralidad a su propio aire: somos nosotros quienes tenemos que criticar y mejorar nuestras intuiciones morales. Es verdad que la ciencia, en términos generales, no puede decidir entre el bien y el mal. Pero tampoco lo puede hacer cualquier apelación a dios. No es sólo que el dios judeocristiano tradicional apoye el genocidio, la esclavitud, la violación y, la pena de muerte por faltas triviales. Es que la moralidad no puede cimentarse en un decreto divino, menos aún en un principio divino. Por qué dios designa unos actos morales y otros inmorales? Si él no tiene razón alguna sino es un capricho, por qué debiéramos tomarnos sus órdenes en serio? Y si de verdad tiene razón, por qué no apelar a esas razones directamente?

Esas razones no se van a encontrar en la ciencia empírica, pero se podrán buscar en la naturaleza racional que es ejercitada por cualquier sociedad inteligente. La esencia de la moralidad es la posibilidad de intercambio de perspectivas: el hecho de que en el momento que yo busco que el otro me trate de cierta manera (ayudarme cuando lo necesito o no hacerme daño sin razón), yo tengo que estar dispuesto a hacer lo mismo para ser tomado en serio. Esta es la única política que tiene una consistencia lógica y nos deja satisfechos. Y dios no juega ningún papel en esta toma de decisiones.

Por todas estas razones, no es una coincidencia que las democracias occidentales hayan experimentado tres limpiezas grandes durante las pasadas centurias: prácticas bárbaras (como la esclavitud, castigos salvajes y el maltrato a los niños) han disminuido considerablemente; el conocimiento científico se ha incrementado exponencialmente; y la creencia en dios se está desvaneciendo. La ciencia, en el sentido más amplio, está volviendo obsoleta la idea de creer en dios, y nos alegramos por ello.

martes 28 de abril de 2009

EL ANTIDEPRESIVO PAXIL, UN CASO DE FRAUDE DE LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA



Pájaros de luz. Fotografía Alejandra Santos


De cómo GlaxoSmithKline engatusó a la FDA para vender una droga que a cambio de producir alivio a los pacientes los volvía suicidas y de cómo una abogada decidida llevó a juicio a la gigante inglesa.


Tonia, un caso entre mil

Tonia estaba en medio de la adolescencia y los miedos y las ansiedades de la edad se le habían vuelto insoportables. Su timidez natural era ahora imposible de sobrellevar. Una tarde vio en la televisión una propaganda que la alegró: un muchacho de su edad, con los mismos problemas, después de tomar una droga llamada Paxil se volvía seguro, relajado, sin sombras de timidez. Ella fue al médico de la familia y le pidió las pastillas.

Empezó a tomarlas, pero a cambio de sentirse como el muchacho de la televisión, sus malestares empeoraron. Además de sentirse agitada y con insomnio se volvió agresiva y mala. Sus padres no sabían de nada y menos entendían qué estaba pasando. Después de mes y medio tomando Paxil, Tonia decidió que una protuberancia en el codo la incomodaba y empezó a cortarla poco a poco. Para su sorpresa sintió alivio y tranquilidad, ningún dolor, como si otra persona estuviera haciendo los cortes.

Volvió al médico para su problema de insomnio y recibió una receta de Ambien. No le ayudó y siguió con sus noches en blanco, pensando en lo horrible que era su vida. Una noche, decidida a acabar con sus tormentos se tomó todas las pastillas de Paxil y Ambien y se acostó en la cama de sus padres para morir acompañada. Sobrevivió. Otra noche, más agitada que nunca, empezó a sacarse pequeñas tajadas de piel en la pierna con el depilador de su madre; no contenta con eso se ayudó con un cuchillo de la cocina hasta hacerse una herida profunda. Cuando vio tanta sangre gritó pidiendo ayuda.

Por esos mismos días, verano de 2004 en Nueva York

En las oficinas del fiscal general de Nueva York, en el bajo Manhattan, se estaba redactando una demanda sin precedentes contra GlaxoSmithKline (GSK), fabricante de Paxil, acusando a la gigante farmacéutica inglesa de fraude al consumidor. Ningún abogado había acusado antes a la Industria Farmacéutica (IF) de fraude, por engañar a los médicos y a los pacientes sobre los beneficios de una droga. Quien estaba detrás de la demanda era una abogada, Rose Firestein, quien trabajaba como asistente en la oficina del fiscal. Rose sabía que algo olía mal en el asunto de los antidepresivos, por boca de un siquiatra que trabajaba atendiendo a adolescentes.

Rose

Una mujer menuda de apenas metro y medio, hizo la carrera de abogado en una pequeña universidad pagándose los gastos con su trabajo en una fotocopiadora. Ejerció como defensora de niños maltratados viajando por todo Estados Unidos. Una tarde, mientras manejaba su carro todo se le nubló. Paró para tomar aire y serenarse. Cuando abrió los ojos no pudo ver nada, sólo unas rayas horizontales que se movían. En el consultorio del oftalmólogo supo que las retinas de sus ojos se habían desprendido, consecuencia de la diabetes que compartía con su padre.

Después de más de diez cirugías lo único que pudo salvarse fue algo de visión en su ojo derecho. Estaba legalmente ciega. Siguió con su trabajo pero se vio obligada a interrumpir sus viajes para finalmente retirarse.

Contra todos los consejos del médico para que renunciara a su carrera y se beneficiara de la incapacidad, ella se empeñó en seguir, y disfrazando su condición de invidente logró burlar a quien la entrevistó y consiguió el trabajo de fiscal asistente en la oficina del bajo Manhattan donde muy pronto fue reconocida por su trabajo brillante. Una de sus estrategias para facilitar la consulta de miles de documentos fue aumentar el tamaño de las letras de su computador hasta casi 6 centímetros.

Cuando en el cruce de una calle la atropelló un carro y le rompió varios huesos del pie, estuvo sólo 4 días sin ir al trabajo. Desde entonces tuvo que empezar a usar el palo de los ciegos. Lo que le faltaba en visión y movilidad le sobraba en coraje, talento y astucia. Buscando en archivos, revistas especializadas, y en conversaciones con siquiatras escépticos sobre los beneficios de los SSRI (por sus siglas en inglés*), juntó la información que pondría en un abultado dossier con el que sus jefes llevarían a la corte a uno de los gigantes de la IF.

La Fiscalía General de Nueva York contra GSK

Cuando en el verano del año 2004 el Fiscal General de Nueva York llevó a los tribunales a GSK su equipo de trabajo tenía información suficiente para enjuiciar no sólo a la gigante farmacéutica sino a buena parte de los siquiatras, a los médicos generales, y a las revistas especializadas. La decisión fue limitarse a una demanda por fraude al consumidor porque era la manera más directa de atacar a la compañía farmacéutica.

La demanda se fundamentó en el hecho de que GSK escondió los resultados negativos de los estudios con Paxil en niños y adolescentes. El caso más relevante fue el del jefe del departamento de siquiatría de la Universidad de Brown en el estado de Rhode Island, quien nunca publicó en sus artículos que la droga no tenía algún efecto diferente al del placebo, y que inclusive, en el grupo que tomaba Paxil los intentos de suicidio fueron mayores; esos mismos resultados se repitieron con otros grupos de adolescentes, y de nuevo los resultados negativos fueron escondidos. El jefe en cuestión recibió de GSK alrededor de medio millón de dólares.

No hubo juicio porque la gigante farmacéutica decidió pagar por los cargos de fraude al consumidor 2.5 millones de dólares (una miseria al lado de los 2.700 millones que facturó la compañía en esa época). Se comprometió también a hacer públicos los resultados de todos los estudios que realizara. Lo más significativo del caso fue que saliera a la luz uno de los mecanismos más usados por la IF para colocar sus drogas en el mercado: ocultar los resultados negativos y publicar sólo los que según ellos eran positivos.

Y a quién culpar?

En esta historia, si de responsabilidades hay que hablar, habrá que repartirlas entre la FDA, los siquiatras sin vergüenza, los médicos que proporcionan las drogas sin mayor conocimiento o cuidado y las revistas que fallan al comprobar la veracidad de lo que publican. La IF es al fin y al cabo éso, una industria que se vale de lo que tenga a mano para aumentar sus beneficios.

Tonia, saludable y con un pelo rojo teñido que le consiguió el primer novio, está, junto con sus padres demandando a GSK. Como ella, muchos otros casos están llegando a las cortes de Nueva York y a las de otros estados. Rose sigue trabajando en la misma oficina.


*Ver las entradas de los antidepresivos en esta bitácora

martes 31 de marzo de 2009

VIVIENDO CON EL ENEMIGO

. Fotografía Alejandra Santos


UNA MIRADA DIFERENTE DEL CÁNCER



Poco a poco

El cáncer no aparece de sopetón. En la mayoría de los casos se toma su tiempo. Tanto que a veces un individuo se muere sin enterarse de que lo ha tenido, huella apenas en una autopsia.

Cuando los mecanismos de vigilancia de la división celular correcta no logran eliminar la mutación se produce un primer cambio en la célula, que siempre es una célula madre pues es ella la que tiene el potencial de generar nuevos tejidos.

El cambio inicial, si es exitoso, es decir las células “transformadas” se dividen, se conoce como el primer paso hacia el cáncer. Esa población de células transformadas seguirá creciendo a gusto y en el camino, dado que existe ya un estado alterado en la función celular, otros cambios se sucederán, aprovechando la inestabilidad que se ha establecido.

Puede ocurrir que las células transformadas sean descubiertas por los vigilantes que toman cuidado de que todo ande bien en el tejido y sean destruidas. Vuelta a la normalidad. Si por el contrario esas células logran pasar la barrera de vigilancia y dado que cargan una inestabilidad genética, serán blanco de otra(s) mutaciones. Se desarrolla entonces un tumor, un crecimiento desmedido, incontrolado, pero que puede ser benigno. Si ese tumor, inestable como es, sufre más alteraciones, escapa de nuevo a la vigilancia, se establece ya el cáncer.

Esto da una idea de la complejidad y del lento desarrollo del proceso cancerígeno. Pareciera que no, que su génesis es muy rápida y simple pues siempre vemos sólo el resultado: el paciente, alguien cercano a nosotros o conocido por alguien que conocemos. Y ni siquiera eso, vemos no ya a alguien sufriendo de lo que hasta ahora se ha descrito como el cáncer primario, el original, sino la metástasis, células de muerte que han viajado en el torrente sanguíneo y disfrazadas o ayudadas por otras células han colonizado con éxito otros medios para sobrevivir y reproducirse.


La batalla

Para que la selección natural pueda actuar se necesitan tres condiciones fundamentales, y las tres se cumplen en el cáncer.

La primera es que exista diversidad en la población celular. Diversidad que existe en el tejido tumoral por la gran cantidad de mutaciones que ha acumulado.

La segunda es que esa diversidad sea heredable. Cuando las células cancerosas se dividen producen una progenie con las mismas alteraciones génicas.

La condición final es que la diversidad, a través de la selección natural confiera un valor adaptativo mayor y una ventaja reproductiva. El cáncer ya no obedece a señales que impidan o regulen el crecimiento celular, no necesita señales externas, (como ocurre en los tejidos normales) para dividirse.

Y para colmo, el cáncer se pasa por la faja las órdenes para destruir sus células anormales (la muerte celular programada o apoptosis), evade la vigilancia inmunológica, crea nuevos vasos sanguíneos para nutrirse y acaba invadiendo órganos vecinos. El sumun de la capacidad de adaptación y eficacia para sobrevivir.

Por eso, cada vez que se trata un cáncer con cirugía, quimioterapia y radioterapia, existe el riesgo de que queden células que, sometidas a estos nuevos retos y estando dotadas de esa capacidad de camuflaje, aguarden el momento oportuno para volver a atacar. Se ha generado una población de células aún más resistentes.


La cura, o dando palos de ciego?

Cuándo habrá una cura para el cáncer? Esta es la pregunta, razonable y simple, que se hacen de continuo los científicos, pensando en otras enfermedades que han sido grandes desafíos para la salud pública -las infecciosas- y que ahora se curan o se previenen. Por qué no el cáncer?

El cáncer no es una enfermedad única; es en realidad una colección de más de 100 enfermedades, cada una afectando a cada uno de los diferentes tejidos celulares del cuerpo humano.

Sin embargo, el número de cánceres, grande como parece, es una ilusión: el uso actual de diagnósticos moleculares, específicamente el estudio de los diversos patrones de expresión de los genes involucrados (alrededor de 300), está llevando a una explosión de subcategorías a tal punto que en la segunda década del próximo milenio, varios cientos de diferentes enfermedades neoplásicas, cada una siguiendo su propio curso clínico y exhibiendo sus propias respuestas a formas específicas de terapia, serán reconocidas.

Por eso la respuesta a la pregunta sobre “la cura”, no es otra que la de que no habrá ese único y gran avance que acabe con el cáncer porque no es una sola enfermedad. A cambio, habrá pequeños adelantos que reducirán las muertes debidas a los muchos tipos de cáncer. Y como ciertos defectos moleculares y procesos patológicos son compartidos por muchos cánceres humanos, se puede esperar avances terapéuticos en distintos frentes.

No se puede olvidar el desarrollo que ha habido en la producción de drogas y de tratamientos quirúrgicos cada vez menos invasivos y más precisos, y que una detección temprana es un arma eficaz. Sin embargo, triste como parece y es, se está aún lejos de un triunfo sobre el mal.

En épocas recientes, algunos investigadores del área están centrando sus trabajos de laboratorio en desarrollar terapias con la idea fundamental de que el cáncer tiene que ser considerado a la luz de la evolución, con todo lo que eso significa. Para ello proponen dos modelos.

El primero se basa en identificar las células cancerosas más susceptibles a los tratamientos convencionales y tratar de incrementar su crecimiento para que puedan competir con las que se resisten a ellos. El segundo es la otra cara de la moneda: fortificar las células resistentes y atacarlas selectivamente. Puro Darwinismo en acción, acompañado de tecnologías de punta en los campos de la bioinformática, los juegos de video, los modelos matemáticos y mucha imaginación.

Complicada como parece esta metodología, al menos abre puertas de esperanza, basada como está en considerar el cáncer un subproducto de la evolución, una colección de enfermedades ocasionadas por desarreglos dentro del organismo. Por esta razón, la salida a un mal que está sembrado en nuestros genes, tal vez se encontrará en el propio organismo y sus mecanismos para balancear el orden y el caos.




martes 24 de marzo de 2009

VIVIENDO CON EL ENEMIGO

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UNA MIRADA DIFERENTE DEL CÁNCER


El cáncer es un desorden de los genes. Desorden que facilita y permite el crecimiento caótico y desordenado de algunas células del organismo. Es la victoria evolutiva de esas células porque la malignidad ha superado el orden normal. El cáncer no viene de fuera del organismo, se genera desde dentro.

La evolución de las especies, con su mecanismo de la selección natural y en un proceso que se tomó millones de años, produjo maravillas como la inmensa complejidad de los seres humanos. Lo hizo a partir de una multitud uniforme y monótona de individuos unicelulares. Pero dejó con ello y como una orden de cobro -el frasco de veneno guardado en un armario- la posibilidad de un cáncer.

Un poco de historia

El cáncer y la evolución, hasta hace poco, se mantuvieron como campos del conocimiento científico sin ninguna relación entre ellos. Genetistas, biólogos moleculares, y oncólogos fácilmente podían ejercer sus carreras en la investigación y en el tratamiento clínico sin haber leído jamás a Darwin. En la casi totalidad de los casos, los investigadores no habían buscado en la evolución el soporte intelectual para la comprensión del desarrollo y progreso del cáncer y menos aún, la habían incorporado a su práctica científica y médica.

Sin embargo, en décadas recientes, la situación ha cambiado en la medida que la genética molecular y la biología evolutiva han venido encontrando puntos comunes. Una señal de esa síntesis ocurrió en 1976 cuando Peter Nowell, científico dedicado al estudio de la leucemia, publicó un artículo teórico sobre la evolución de las células tumorales.

Nowell propuso lo que fue en su momento una idea novedosa: los eventos que se dan cuando las células pasan de un estado pre-canceroso a uno canceroso, representan una forma de evolución por selección natural. “Al igual que ocurre con la evolución de las especies, la evolución de los tumores malignos requiere dos condiciones: diversidad genética entre los individuos de una población y la lucha entre ellos por recursos limitados”, escribió Nowell.

La hipótesis de Nowell sobre la evolución tumoral se difundió entre ciertos círculos de investigadores del cáncer aunque no se tomó muy en serio sino hasta casi el 2000, cuando Robert Weinberg, genetista del cáncer, en un artículo capital describe las características de las células cancerosas: división sin límites, invasión de tejidos vecinos y la negación a morir.

De dónde saca la célula tumoral esas capacidades? De las mutaciones, que la han dotado de esos rasgos que le dan una ventaja selectiva sobre las demás. “El desarrollo de un tumor se da por un proceso similar a la evolución Darwiniana” dijo Weinberg. El cáncer, al igual que las especies, evoluciona.

Se nos quedó el maleficio

Hace millones de años no había esa cosa del cáncer. Todas las criaturas vivientes eran organismos unicelulares y la regla debía ser cada uno a lo suyo, a dividirse, sin ningún control y sin diferenciarse, todos iguales.

El genoma (conjunto de genes de un individuo) ha sido inestable desde siempre, con una tendencia a sufrir mutaciones. Esa característica fue la que permitió la aparición de nuevas formas de vida, pero esa misma situación de inestabilidad podría haber resultado peligrosa para la sobrevivencia.

Los organismos tuvieron que establecer una regla de ni mucha ni poca inestabilidad, sólo la necesaria para diversificarse y generar múltiples posibilidades para el paso a los organismos multicelulares. Ya no más egoísmo, no más sólo dividirse: había que agruparse y perder individualidad para competir en un medio que estaba cambiando constantemente.

En los tejidos que componen el cuerpo una alta inestabilidad genética no es deseable, puesto que le abriría las puertas al cáncer. De ahí que la evolución se haya esforzado tanto para que los genomas de nuestras células sean estables.

Existen múltiples mecanismos para mantener las mutaciones en las células bajo control. Si algún daño ha ocurrido, bien sea la entrada de sustancias mutagénicas que han evadido las defensas externas, o por errores en la replicación del ADN, un grupo de enzimas reparadoras del ADN corre a arreglar el daño y a borrar cualquier huella de lo ocurrido.

De igual manera, cuando la célula se divide, cuenta con un complejo grupo de proteínas que aseguran un proceso impecable. Otro mecanismo es la apoptosis, o muerte celular inducida, cuando se detecta un mal funcionamiento. Y la senescencia, una especie de decadencia pues la célula vive pero no se divide más.

Al igual que otras moléculas en las células, el ADN es vulnerable a muchos tipos de daño. Su aparente estabilidad es sólo un reflejo de un equilibrio dinámico, una batalla constante entre las fuerzas del orden y el caos. Cualquier desarreglo en el genoma pone en alerta a los guardianes.

Quiénes son esos guardianes? Proteínas producidas por genes que controlan los procesos de la división celular. Para mencionar los más conocidos, el gen de la pRB, descubierto en el cáncer de ojo infantil, y el gen de la p53, bautizado como “guardián del genoma”. Se los conoce como genes supresores del cáncer porque se encargan de mantener andando correctamente la maquinaria de división celular, que si falla lleva a las divisiones sin control, característica del cáncer. Fueron descubiertos a partir de estudios en tejidos tumorales humanos, donde su ausencia o forma alterada había permitido el daño.

Del otro lado, del caos, están los llamados oncogenes, que no son otra cosa que genes involucrados en incrementar el crecimiento celular. Son muy importantes en las primeras etapas del desarrollo del organismo humano cuando se requieren muchas células nuevas y a una gran velocidad. Pero tienen que detenerse cuando esos procesos se han terminado. Al no hacerlo se convierten en agentes de inestabilidad y destrucción.

La inestabilidad genética, tan importante para generar diversidad y abrir caminos a nuevas formas de vida, nos sigue cobrando un buen precio por habernos colocado en un nivel de complejidad tan alto. Si los mecanismos de protección para una reproducción celular armónica fallan, el viejo vicio de la reproducción incontrolada muestra los dientes.

De cualquier manera, a medida que el cuerpo humano envejece, los mecanismos de protección se deterioran, dejándolo a merced de las mutaciones que acabarán produciendo tumores; el cáncer es inherente al envejecimiento.

La semana próxima, el proceso y la cura


jueves 12 de marzo de 2009

OBAMA Y LA CIENCIA (3)


Al fin!





La buena noticia de que al fin, las absurdas restricciones del gobierno Bush-Cheney a los estudios científicos con células madre embrionarias en humanos serán levantadas, ya ha recorrido el mundo entero y bastante se sabe sobre el tema.

Rodeado por senadores, pacientes, abogados de pacientes y por varios científicos, entre ellos Harold Varmus –descubridor de los genes del cáncer- Obama firmó el pasado lunes 9 una ley unilateral que da el primer paso en lo que será una larga batalla para devolver a la ciencia al lugar que le corresponde. Como era de esperarse, los grupos pro-vida, religiosos de todos los colores y asociaciones de ultraderecha, han brincado declarando que la decisión del presidente es una bofetada a quienes sí respetan la vida humana.

Este espacio no quiere añadir más comentarios. A cambio presenta una traducción libre y resumida del discurso de Obama y deja al lector la digestión de lo dicho y firmado.

“Levantaremos el veto para la financiación federal de fondos destinados para el prometedor campo de las células madre embrionarias. Brindaremos un apoyo vigoroso a los científicos que están empeñados en esta investigación.

En este momento, las expectativas creadas por la investigación en células madre siguen sin ser muy claras y no deben sobrevalorarse. Pero los científicos creen que estas pequeñas células pueden tener el potencial para ayudarnos a entender, y posiblemente curar, algunas de las más devastadoras enfermedades: regenerar una médula espinal trunca y levantar a alguien de la silla de ruedas; ahorrarle a un niño una vida pegada a las agujas que le suministran la insulina que su cuerpo no produce; tratar Parkinson, cáncer, enfermedades cardíacas……

Pero el potencial no es en sí mismo suficiente. Los logros médicos no se dan por accidente. Resultan de investigaciones dolorosas y costosas, de años de trabajo solitario por ensayo y error, muchas veces sin frutos. Por eso el gobierno debe apoyar esos trabajos. Vacunas que salvan tantas vidas, tratamientos novedosos contra el cáncer, el secuenciamiento del genoma humano, son una historia de progreso científico. Cuando los gobiernos no invierten en ciencia, estas oportunidades se pierden: se abandonan posibles campos prometedores, los mejores científicos, los más talentosos, se van a lugares donde existan oportunidades para su trabajo.

En los años recientes, en lo que tiene que ver con células madre, a cambio de fortalecer el campo de investigación, el gobierno ha hecho una falsa elección entre la ciencia y los valores morales. Yo creo que no son contradictorios. Como una persona creyente, yo creo que debemos preocuparnos por los demás y por aliviar el sufrimiento humano. Creo que tenemos las posibilidades y el deseo para hacerlo. A veces existen conflictos pues algunas personas tienen creencias que les hacen oponerse a los ensayos con células madre embrionarias y esos puntos de vista son respetables.

Pero después de mucha discusión, debate y reflexión, se ha aclarado el camino correcto. La mayoría de los ciudadanos de los Estados Unidos ha decidido que se debe apoyar la investigación, que el potencial que ofrece es grande, y que con las guías apropiadas y un riguroso sistema de vigilancia cualquier peligro será evadido. Por eso estoy firmando esta orden unilateral, esperando que el Congreso actúe en consecuencia.

Pero yo no puedo garantizar que encontraremos los tratamientos y curas que buscamos. Ningún presidente puede prometer eso. Lo que sí puedo prometer es que los buscaremos, activamente, responsablemente y con la urgencia necesaria para recuperar el tiempo perdido. No solamente en esta área que hoy abrimos, sino en lo que tiene que ver con otros hallazgos, ya en marcha, para usar otras células del cuerpo para obtener células similares a las embrionarias.

Puedo prometer también que nunca nos tomaremos esta investigación a la ligera. La apoyaremos en la medida en que sea conducida con seriedad científica y mucha responsabilidad pues no toleraremos ningún mal uso o abuso. Y no habrá ninguna puerta abierta a la clonación humana con fines reproductivos porque es peligrosa, es profundamente errónea y no tiene lugar en nuestra sociedad, en ninguna sociedad.

Ahora bien, esta ley que hoy firmo es un paso importante para el avance de la ciencia en Estados Unidos. Pero pongámoslo claro: promover la ciencia no es sólo proveer recursos, es también proteger una búsqueda libre y abierta. Es permitir a los científicos hacer su trabajo, libres de manipulación y coerción, y oír lo que nos tienen que decir, aún si es algo inconveniente –especialmente cuando es algo inconveniente. Es asegurar que los datos científicos nunca sean distorsionados o puestos al servicio de una agenda política, y que tomemos decisiones científicas basados en hechos, no en ideologías…..”